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lunes, 24 de enero de 2011

¡ Profe, Enséñeme a Leer!


El titulo de este escrito podría tomarse de distintas maneras. Algunos, posiblemente, pensarían en un ruego o en un clamor; otros, en una superficial manifestación de necesidad y, otros tantos, me atrevería a decir, pensarían en una exigencia. Lo cierto del caso es que, sea clamor, sea necesidad o exigencia, lo expresado en la oración en cuestión pareciera representar uno de los aspectos más relevantes para que el proceso de enseñanza-aprendizaje, en todos los niveles del sistema educativo, cumpla con la creciente demanda social la cual reclama ciudadanos y profesionales más reflexivos, autónomos y críticos. Ante esta apreciación, me he atrevido a expresar de forma pública una preocupación sincera sobre el tema “comprender lo que se lee”, sólo con el objetivo de abrir un espacio a través del cual, los especialistas (yo no lo soy) puedan establecer consideraciones pertinentes a la innegable necesidad de información y de formación que existe sobre el proceso de lecto-comprensión. Y digo preocupación porque, desde hace muchos años he escuchado, y yo mismo he manifestado, que los estudiantes no saben leer; que los estudiantes no comprenden los materiales escritos que contienen la información necesaria para cumplir los requerimientos académicos de sus respectivas áreas de estudio; que una de las causas del bajo rendimiento estudiantil pareciera estar vinculada a la falta de competencia lectora. Y, repito, de esto hace muchísimo tiempo ya. Entonces, de ser cierto lo antes expresado, ¿cuándo vamos a permitirnos (me incluyo como docente) la satisfacción de  superar tal obstáculo para una mejor formación de nuestros estudiantes, para explorar nuevas dimensiones del conocimiento? Particularmente he comentado sobre esta temática con algunos colegas de diferentes especialidades  e, invariablemente, las opiniones apuntan hacia la carencia de la comprensión de los materiales académicos, por parte de los estudiantes. En algunas oportunidades he tratado de informarme sobre las actividades particulares que se realizan con las lecturas que asignan a los estudiantes porque pareciera, y es una apreciación muy personal, que dichas lecturas no son suficientemente tratadas, comentadas previamente para que el estudiante pueda acceder a la información que contienen. Y me pregunto: ¿acaso los docentes creemos que nuestros estudiantes tienen la capacidad de procesar cuanta lectura especializada les asignemos o les sugerimos? Me permito invitarlos a  que piensen en lo denso y complejo que puede ser un texto académico. Esto lo hemos comprobado a costa de mucho esfuerzo intelectual y de ejercicios cognitivos cuando desarrollamos nuestra propia formación profesional a través de estudios de Maestría o Doctorado. En consecuencia, bien podríamos comprender lo que sucede a los estudiantes ante los retos que deben sortear con las lecturas especializadas. Por supuesto, el tratamiento preparatorio de un texto científico que se asigna a un estudiante para que realice tal o cual actividad es crucial, de ello depende en gran medida la comprensión del texto mismo y, en consecuencia, el punto de partida para el aprovechamiento de la información que resultaría en construcción de conocimiento. Pero temo que no muchos de nosotros, docentes, estemos preparados para llevar a cabo tal estrategia. Y es por ello que me he atrevido a escribir esta reflexión: es una invitación a los especialistas del área, a todos los que estamos involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje y que de alguna manera aspiramos que nuestros estudiantes “respondan” con mayor profundidad y argumentación a los planteamientos y discusiones que propiciamos en nuestras sesiones de clase. Debemos tener claro que las lecturas que los estudiantes han de procesar provienen de textos científicos, escritos por científicos y dirigidos a una comunidad científica que comparte y/o contrasta en  conceptos, ideas y razonamientos, pero que a su vez se comunica a través de un lenguaje común: el lenguaje académico. En mi opinión, es allí donde radica la complejidad que este tipo de lecturas representa para el estudiante. En efecto,  el estudiantado, al ingresar a la universidad, no solo se interna en un espacio académico-cultural distinto al que estaba acostumbrado, ello también implica que se verá afectado por una comunidad discursiva totalmente diferente (ya este factor es por sí mismo perturbador, desconcertante).   Ahora bien, ¿qué debemos hacer?, ¿continuar culpando a los docentes de la educación secundaria y estos a su vez culpando a los de la educación primaria? Necesario es, en mi opinión, que de una vez por todas se articulen  programas de preparación de docentes de todos los sub-sistemas educativos, en el área de lecto-comprensión; que los especialistas en el tema abanderen un gran movimiento académico-cultural que tenga como objetivo fundamental erradicar la carencia de suficiencia lectora. Una transformación universitaria verdadera debe aspirar solventar los problemas estructurales que impiden el desarrollo de los individuos para que estos a su vez coadyuven en el desarrollo de la sociedad de la cual forma parte! La Universidad está en deuda con la sociedad, ya es hora de pagar esa deuda!.



Nota: Dejo estos links como aporte para la discusión que pudiera generarse a partir de este momento (y Dios quiera que por mucho tiempo)

Dra.Paula Carlino

Romualdo Ibáñez O

sábado, 9 de enero de 2010

La Escuela en la Modernidad


A la institución escuela le ha tocado la función intencional de “transmitir saberes”. La pregunta es: ¿cuáles saberes? Es evidente que aquellos que se generan a partir del modelo socio-económico y político prevaleciente en la sociedad que regula a esa escuela. Si tomamos como ejemplo la visión e interpretación del mundo que toma forma desde la aparición del desarrollismo industrial occidental, los saberes que se imponen a través del sistema educativo están orientados a la formación de individuos que puedan sostener y potenciar, aún más, la aplicación del conocimiento como se entiende en esa sociedad occidental; vale decir, las verdades universales como producto de la aplicación de un método que le confiere legitimidad porque es el instrumento que emana de la aceptación del mundo científico. Y ya conocemos lo que la ciencia representa para el pensamiento occidental moderno.

Tal realidad la considero lógica, puesto que las sociedades tienen derecho a fundamentar su desarrollo y bienestar en consonancia con sus presupuestos filosóficos, su evolución histórica, y principalmente, con la puesta en práctica del conocimiento que producen. Pero, según mi criterio, lo criticable a una sociedad cualquiera es que, en nombre del poder que le confiere su mayor desarrollo intelectual y material, violente culturalmente otras sociedades para imponer su verdad, o deprede el medio natural hasta el punto de poner en serio peligro el equilibrio que lo sustenta, en busca de los insumos que le aseguren un interminable destino de confort.
Ahora bien, a pesar de lo extendido geográfica y temporalmente, el pensamiento occidental moderno, presente en casi todas las instituciones de la sociedad mundial, escuela incluida, comienza a ser cuestionado a la luz de acontecimientos que resquebrajan su sólida estructura.
Primordialmente, la idea de progreso ilimitado para todos y dominio modernista encuentra serias oposiciones que le van debilitando su otrora validez universal. Desde los movimientos ecologistas e intelectuales adeptos se elevan voces, cada vez más poderosas, en protesta por la forma irresponsable cómo, en nombre del progreso, se ha afectado el mundo natural. La idea del conocimiento verdadero, con su único método para adquirirlo, se difumina ante lo complejo de una sociedad mundial, paradójicamente acercada y globalizada por los propios avances tecnológicos, y que entrada en contacto multicultural, ve la realidad y la verdad misma, desde diferentes perspectivas dadas las presiones que se ejercen con la aparición de conceptos como lo “diverso” en franca oposición de lo único, lo impredecible, lo otro, lo anti-totalitario.
Ante este panorama, ¿dónde queda la escuela?; si ha sido y es espacio para normar y disciplinar voluntades para la aceptación del pensamiento único, inflexible como la ciencia misma en la aceptación de “otra verdad”, de otra forma de ver y estudiar la realidad. ¿Dónde queda la escuela; esa que ha formado a algunos individuos “altamente competentes” para desarrollar o poner en práctica las teorías que la ciencia produce y que conduce a un futuro pleno de realizaciones tecnológicas “civilizantes”, potenciadoras de fuerza productiva? No falta quien asegure que la escuela como la concebimos debe ser sustituida por la tecnología del ordenador, el video, la televisión. Según Postman (s/f), “…los hay que, como Lewis Perelman, argumentan (por ejemplo, en su libro School’s Out) que las tecnologías modernas de la información, han convertido en obsoletas las escuelas, puesto que hay más información disponible fuera de la escuela, que dentro de ella.” Bueno, no puedo estar de acuerdo con esta postura porque entonces debería admitir que la educación es sólo transmitir información sin proceso alguno.
¿Cómo transformar la escuela que, insertada en esta sociedad mundializada, pueda a la vez brindar luces de verdadero raciocinio para el progreso en convivencia? Mientras los criterios de las políticas económicas dominen las decisiones para las asignaciones de presupuestos para la educación, creo que la tarea de transformación será muy ardua y prolongada. La educación por sí misma no tiene incidencia en la resolución de problemas serios como, por ejemplo, la deserción estudiantil o la exclusión de millones del sistema escolar en todas sus modalidades, dada su intrínseca relación con la dinámica social en su conjunto: a la dinámica política, a la económica, a la cultural.
La idea de que la educación serviría de base para transformar la sociedad y brindarle estadios de mayor justicia y equidad se esfuma ante lo que parece una abrumadora tendencia actual. Pareciera que el valor fundamental subyacente en nuestros jóvenes, y en los no tan jóvenes, está relacionado indirecta o absolutamente con la adquisición rápida de bienes materiales que los identifique con la “simbología civilizada”. La adquisición de tales bienes es el norte, lo primordial; más no el cómo adquirirlos.
El cómo, relacionado con el mérito y el esfuerzo, pareciera estar fuera de toda discusión; no es factor importante. ¿Las razones? Cabe aquí preguntarse, ¿acaso (y evoco las propuestas de la escuela tradicional en cuanto a que los discípulos sólo tenían que copiar los modelos que se les ofrecían), las instituciones de las sociedades actuales no navegan en amplios espacios de corrupción económica, política y moral donde sus abanderados (los líderes, los modelos a seguir) no son precisamente aquellos que lograron sus posiciones sociales e institucionales a base de intelecto, preparación y esfuerzo?
¿Acaso esa corrupción, el facilismo, lo superficial y el tráfico de influencias, no conforman modelos que desmotivan el pensamiento sobre educarse, prepararse, hacerse de los méritos necesarios, para luego optar por un puesto de trabajo con el cuál realizar un proyecto de desarrollo personal, a futuro?
Es muy frustrante convivir a diario con la evidencia de que este sistema no premia masivamente el estudio continuo. La preparación para y durante toda la vida en la escuela pierde aquí, estrepitosamente, todo su postulado. Las bondades de educarse no convencen a un gran y creciente número de jóvenes, futuro de la sociedad; aunque no se puede negar que la educación ha generado bienestar.
Sin embargo, la relación directa educación-trabajo se torna más distante en la medida en que los sistemas económicos-mercantiles sufren los vaivenes de las sociedades, en todo el orbe, convulsionadas por desequilibrios generados primordialmente por la desigualdad de oportunidades de desarrollo individual (no individualista) y colectivo. Educarse genera sólo una posibilidad de progresar a través del empleo, del trabajo; más no es un factor de seguridad (Follari: 1996). El discurso sobre educarse es recurrente, casi que cada padre y cada madre, cada gobierno lo promulga a diario, en todas las latitudes del mundo; pero ya no causa efecto porque la realidad es más poderosa.
Cada día me reafirmo más sobre la idea de que la escuela juega un papel fundamental en las sociedades. Que los niños y niñas la necesitan, en tanto cuanto, estimule el sentido de grupo, de colectivo, de la colaboración, de la solidaridad, de la sensibilidad ante los problemas por muy pequeños o insignificantes que parezcan; en tanto cuanto, promueva día a día la responsabilidad individual y colectiva. Ningún otro medio o espacio lo lograría. Escuela y familia, familia y escuela, incesantemente.
Así mismo, cada día me convenzo más de que la escuela es base necesaria para direccionar a los individuos hacia el logro de equilibrios y retribuciones que les satisfagan aspiraciones y necesidades, más sólo en la medida en que se libere de su función preservadora del sistema socio-económico y político y que por el contrario, asuma críticamente una posición de rechazo a las perversiones que de él se generen. Sólo en la medida en que se fortalezca como institución ante las otras instituciones. Sólo en la medida en que logre hacer pensar críticamente a sus pupilos y maestros, sobre la necesidad de “sacar” la escuela a la vida real; para enriquecerse desde allí y lograr la pertinencia social que parece haber perdido; para con sus saberes incidir definitivamente en la solución de los problemas que existen en las comunidades; para en definitiva ser el instrumento del desarrollo humano y social que todo país necesita.





miércoles, 16 de diciembre de 2009

LAS TICs COMO ALTERNATIVA DE APRENDIZAJE


Autor: Prof. Leonardo Latuff   (leolat55@cantv.net)

Las posibilidades y oportunidades que la dinámica social genera continuamente no siempre son percibidas de manera clara y oportuna. Más aún, en cuanto al ámbito del aprendizaje se refiere, hacerlo a la velocidad y adecuación plena que ello requiere para sentirse involucrado en ese proceso dinámico, representa uno de los mayores retos que confrontan estudiantes y docentes en su búsqueda de formación profesional integral.
Es cierto que la educación formal nos impele, cada vez más, a profundizar en la puesta en práctica del conocimiento que se genera continuamente; a apropiarnos de las distintas herramientas para aprender y enseñar que el desarrollo científico y tecnológico pone al servicio de la humanidad. Sin embargo, sentirse “seguro” al amparo de lo conocido, vale decir en el ámbito educativo, al amparo de los métodos de enseñanza o de estudio y de los espacios físicos tradicionales (colegios, universidades, bibliotecas y otros), o fuentes de información, se erige como una barrera que se torna infranqueable para muchos. En definitiva, el temor al cambio, salir del refugio protector de lo conocido, quizá sea la razón por la cuál los procesos de transformación y adecuación a las exigencias y realidades sociales sean tan lentos, de manera especial en el ámbito educativo.
Entonces, el hecho de visualizar y aceptar espacios, procesos y herramientas distintos de aquellos que históricamente se han utilizado para implementar el proceso de enseñanza-aprendizaje, implica un necesario cambio de mentalidad que se fundamenta en las realidades que emergen de las apremiantes necesidades colectivas y en la presión que esas necesidades puedan generar sobre los individuos y las instituciones.
Es así cómo en los últimos tiempos, el espacio por excelencia para la enseñanza y el aprendizaje, a saber, el aula de clases, comienza a ser confrontado en su rol de “único espacio” para tal cometido. De igual manera, se comienza a romper con la arraigada idea de las relaciones educando-educador, basadas en la concepción de un educador imprescindiblemente omnipresente para que se pueda generar el acto educativo, para que el estudiante pueda llegar al saber. La implementación de la tecnología que creó la Internet se ha encargado de develar otra vía para el aprendizaje, así como una posibilidad de intercomunicación en tiempo real que permite organizar y desarrollar procesos educativos eficientemente.
Esta tecnología como medio efectivo para acceder a una mayor información en tiempo relativamente corto, permea toda la sociedad; se ha convertido, prácticamente, en el único medio de informarse y/o comunicarse de muchísimos individuos –incluyendo, ciertamente, a estudiantes y profesores. Ella permite la posibilidad de visualizar a los individuos aprendiendo autónomamente, a su propio ritmo, con sus específicas potencialidades e individualidades, renovados en su deseo de formación dado el desafío de penetrar a un mundo infinitamente más accesible al ir interrelacionando saberes desde múltiples fuentes de información. Las posibilidades parecen ser infinitas.
Por otro lado, la Internet también permite visualizar a un docente más activo y creativo, con mayores posibilidades de adquirir conocimientos diversos -lo multidisciplinario- que sirvan de base conceptual para enriquecer y fortalecer su ámbito profesional particular. Permite visualizar a los docentes desaprendiendo modelos que los atan a “únicas” formas de enseñar-aprender y diseñando estrategias educativas, conjuntamente con sus estudiantes, que funcionen como orientación, como guía, hacia metas de aprendizaje reflexivo, crítico.
Cabe mencionar aquí la enseñanza-aprendizaje del idioma inglés vía Internet, como ejemplo del impacto de la tecnología de la intercomunicación en áreas especificas del conocimiento. Como es sabido, en las instituciones educativas latinoamericanas, en todos los niveles, se incluye el estudio del idioma inglés como segunda lengua; a pesar de ello, los estudiantes, mayoritariamente, no adquieren con suficiencia las competencias lingüísticas y/o comunicativas sobre esta lengua. Los estudios realizados por numerosos investigadores sobre la problemática muestran que, entre otros aspectos, al llegar al nivel de educación superior, los estudiantes no pueden realizar lecturas comprensivas de los materiales académicos editados en lengua inglesa, lo cuál incide desfavorablemente en su rendimiento académico.
En consecuencia, la inmensa cantidad de materiales diversos y atractivos al usuario que se encuentran accesibles en la red, así como los numerosos artículos publicados en revistas digitales especializadas sobre el tema, han posibilitado y facilitado el estudio y comprensión del inglés, tanto en lo gramatical como en lo comunicacional. Una ventaja que se desprende de esta posibilidad tecnológica en contraposición con las metodologías empleadas en el aula de clase tradicional, dada la restricción de tiempo y materiales usados para la enseñanza de este idioma.
La aldea global en que se ha transformado la sociedad toda presiona a las instituciones a adoptar maneras innovadoras de garantizar educación de calidad a todos sus miembros. Los docentes, como parte importante del proceso educativo, en sus roles de maestros y aprendices, tenemos el desafío de integrarnos conjuntamente con otros actores del proceso y con los medios que las nuevas tecnologías de la comunicación proporcionan para, por un lado, satisfacer la demanda de educación de calidad que la sociedad exige, y por el otro, propiciar espacios y momentos alternativos de aprendizaje cónsonos con los tiempos que vivimos. Tiempos que están profundamente caracterizados por su capacidad de atracción a su condición cambiante.
Así las cosas, los docentes debemos derrotar el temor por lo nuevo; debemos dejar de aferrarnos a nuestras viejas visiones e interpretaciones del hecho educativo. Tenemos la obligación de aceptar que ya existen y existirán nuevas metodologías y herramientas para la enseñanza en franca coexistencia con las conocidas. Debemos aceptar, por ejemplo, que las tecnologías de la comunicación llenan todo espacio y momento de la vida cotidiana; y que formarse, educarse, formar o educar pertenecen a las actividades de la vida cotidiana. Sólo nos queda admitir esta realidad, prepararse en consecuencia y asumir la transición como un aspecto normal del proceso de aprendizaje mismo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

¿¿¿Pensar en Inglés??? Para comenzar a entender cómo aprender esta lengua.


Hello! How are you today!


Quisiera expresarles unas ideas que he venido desarrollando a lo largo de mi actividad docente profesional (28 años ya). Hoy les comentaré sobre una de ellas, la cuál considero importante para profundizar en la comprensión de cómo aprender la lengua inglesa.

Casi siempre los profesores de Inglés aconsejamos a nuestros estudiantes  a pensar en Inglés; sin embargo, muy pocos aclaramos lo que queremos decir con ello. En este pequeño aporte voy a tratar de ejemplificar "que es pensar en inglés" para contribuir en el aprendizaje de esta lengua tan importante para nuestra formación académica o formacion integral personal.


Tratemos de recordar algunas frases u oraciones que usamos en nuestra lengua castellana con "tener". Aqui les presento unos ejemplos:

  • Tengo hambre

  • Tienen sueño

  • Ella tiene 20 años de edad  

  • El perrito tiene sed

  • Tengo prisa

  • El niño tiene fiebre

  • ¿Tienes frío?
Bien, ¿cuáles serían los equivalentes en inglés para estas frases?
Tal vez, lo primero que nos venga a la mente es usar el verbo "have"  y  con ello, las frases quedarían de la manera siguiente:

  • Tengo hambre (I have hungry) 

  • ¿Cuántos años tienes? (how many years do you have?) 

  • Ella tiene 20 años de edad  (she has 20 years old)

  • El perrito tiene sed (the puppy has thirsty)

  • Tengo prisa  (I have hurry
  • El niño tiene calor  (The child has hot)
  • Tienes frío? (Do you have cold?)
Las opciones de traducción dadas en los ejemplos son todas incorrectas ya que lo que hemos hecho es traducir literalmente las palabras, sin tomar en cuenta las expresiones linguisticas que los nativos de esta lengua suelen usar, realmente. A continuación notarás cuáles traducciones apropiadas podemos realizar:

  • Tengo hambre (I am hungry)

  • ¿Cuántos años tienes? (how old are you?)

  • Ella tiene 20 años de edad (she is 20 years old)

  • El perrito tiene sed (the puppy is thirsty)

  • Tengo prisa (I'm in a hurry)

  • El niño tiene calor (The child is hot)

  • ¿Tienes frío? (Are you cold?)

Al observar las traducciones ahora realizadas, podemos notar el uso del verbo "to be" en vez del verbo "have". Esto es una diferencia importante entre las dos lenguas, y por supuesto, es de suponer que existen muchas otras que nos impiden expresarnos correctamente en la lengua inglesa. De manera que podemos inferir que no podemos traducir literalmente desde nuestra lengua a la lengua inglesa o viceversa, sin el riesgo de hacerlo de manera incorrecta.


Podríamos concluir diciendo que una manera de mejorar nuestra capacidad de entender, ya a nivel oral o a nivel escrito, y expresarnos correctamente en inglés, está fundamentada en la búsqueda contínua de las expresiones linguísticas que se adapten a las situaciones particulares de comunicación tal y como lo hacen los nativos.Para ello debes acudir a las fuentes de consulta (la web, diccionarios avanzados, materiales de cursos, trabajos de investigación sobre el aprendizaje de la lengua inglesa, etc.) y así asegurarte el conocimiento teórico apropiado además de un incremento de vocabulario real que te permita comunicarte con propiedad en la lengua inglesa. 


En una próxima entrega, profundizaremos sobre este interesante tema.


So long!